Alianza AUKUS, venta a Australia de los submarinos nucleares

La alianza Aukus sellada entre Reino Unido, Australia y Estados Unidos en 2021 se encuentra ante un futuro incierto. Un informe del Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos ha propuesto cancelar el acuerdo inicial de vender hasta cinco submarinos nucleares clase Virginia a Australia.


La alianza Aukus sellada entre Reino Unido, Australia y Estados Unidos en 2021 se encuentra ante un futuro incierto. Un informe del Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos ha propuesto cancelar el acuerdo inicial de vender hasta cinco submarinos nucleares clase Virginia a Australia. La alternativa que propone es sellar una “división del trabajo militar” por la cual EEUU patrullará las costas australianas con más buques sumergibles a cambio de que Australia refuerce otras áreas de su defensa.

El informe ha sentado muy mal en la opinión pública del país oceánico. The Guardian recoge las declaraciones del ex primer ministro Malcolm Turnbull, que acusa al Gobierno de Camberra de estar inmerso en “un ejercicio de negación” sobre el avance de Aukus. David Shoebridge, senador de los Verdes, ha calificado el acuerdo de “pantomima” y de que es “irremediablamente favorable” a Estados Unidos. En juego, hay un compromiso de inversión de 368.000 millones de dólares australianos (218.000 millones de euros) hasta 2050.

La desconfianza llega en un momento en que las relaciones de Estados Unidos con sus aliados se encuentran más deterioradas que nunca. El Pentágono lleva meses presionando para que los países afines en el Indopacífico aumenten sus presupuestos militares en línea con la OTAN para contener una hipotética invasión de Taiwán por parte de China. Washington cree que a partir de 2027 Pekín puede ordenar un ataque de la isla autogobernada.

El precedente de Francia

La alianza Aukus pretendía aumentar la cooperación militar con un país en mente para contener su expansión. China opera una de las flotas de submarinos más grandes del mundo, con más de 60 sumergibles. De ellos, al menos 10 son de propulsión atómica, según la inteligencia de EEUU. “La Armada del Ejército Popular de Liberación está llevando a cabo un importante cambio estratégico, pasando de la construcción [de submarinos] diésel-eléctrico a la construcción totalmente nuclear, lo que supone un cambio fundamental con respecto a los patrones de construcción históricos”, señaló Mike Brookes, director de inteligencia de la Armada de EEUU, en un informe dirigido al Congreso.

El objetivo es que Australia tuviera submarinos nucleares de la clase Virginia de EEUU para mantener una línea de disuasión. La Armada china circunnavegó el año pasado con maniobras de fuego real los países oceánicos aliados de Washington en lo que fue interpretado por el ministro de Defensa de Nueva Zelanda como “una llamada de atención”.

Los submarinos nucleares de la clase Virginia llevan más de 20 años en servicio en la Armada de EEUU. Estos buques, que cuentan con lanzamisiles de crucero y cuatro tubos lanzatorpedos, constituyen la columna vertebral de los submarinos de ataques del país norteamericano junto con la clase Los Ángeles desarrollada durante la Guerra Fría.

La propuesta original negociada entre Australia y Estados Unidos es que Camberra compre hasta cinco submarinos y con ese dinero Washington fabrique la misma cantidad. No obstante, los problemas que están encontrando los astilleros de EEUU para aumentar la producción, con frecuentes retrasos, errores logísticos y una pérdida paulatina de la mano de obra condujeron al la Oficina de Investigación del Congreso ha tumbar el acuerdo.

Para Australia supondría un error de proporciones inéditas. Camberra rompió en 2021 un acuerdo alcanzado con Francia en 2016 para fabricar hasta 12 submarinos convencionales por unos 34.000 millones de euros. Días más tarde, firmó la alianza Aukus. Un año más tarde, ante la furia de París, Australia pagó una compensación de 555 millones de euros a Naval Group, el astillero francés, por la cancelación del contrato.

Fuente: https://www.eleconomista.es