Anomalía del Atlántico Sur, el agujero del campo magnético terrestre

La Anomalía del Atlántico Sur (SAA, por sus siglas en inglés) es una vasta región ubicada sobre el océano Atlántico y parte de Sudamérica en la que el campo magnético de la Tierra presenta un significativo debilitamiento en comparación con el resto de la Tierra. Esta especie de abolladura en nuestro escudo protector permite que los cinturones de radiación de Van Allen se acerquen más a la superficie, exponiendo a los satélites y a la Estación Espacial Internacional (ISS) a niveles de radiación cósmica mucho más elevados de lo normal.


La Anomalía del Atlántico Sur (SAA, por sus siglas en inglés) es una vasta región ubicada sobre el océano Atlántico y parte de Sudamérica en la que el campo magnético de la Tierra presenta un significativo debilitamiento en comparación con el resto de la Tierra. Esta especie de abolladura en nuestro escudo protector permite que los cinturones de radiación de Van Allen se acerquen más a la superficie, exponiendo a los satélites y a la Estación Espacial Internacional (ISS) a niveles de radiación cósmica mucho más elevados de lo normal. ¿Las consecuencias? Los sistemas electrónicos en órbita suelen sufrir fallos temporales o daños permanentes al cruzar esta zona, e incluso los astronautas pueden experimentar destellos visuales provocados por el impacto de partículas cargadas en sus retinas.

La SAA fue descubierta en el año 1958, coincidiendo con el inicio de la era de la exploración espacial y el lanzamiento de los primeros satélites artificiales de la historia. De hecho, el Explorer 1, que llevaba a bordo medidores de radiación diseñados por el propio James Van Allen, fue clave para detectarla. Eso sí, a lo largo de todas estas décadas, nadie consiguió dar una explicación a cómo se originó y a qué la mantiene. Hasta ahora. Y es que un equipo de investigadores españoles han logrado descifrar el enigma, que ya duraba 68 años. Los resultados pueden consultarse en un artículo publicado en PNAS el pasado 4 de mayo.

La investigación liderada por Miriam Gómez-Paccard y F. Javier Pavón-Carrasco ha permitido reconstruir la evolución de este escudo protector durante los últimos dos milenios. Los resultados confirman que estas variaciones en la intensidad magnética son procesos cíclicos que se originan en el océano Índico y se desplazan paulatinamente hacia el oeste hasta alcanzar el continente americano. Es decir, esta depresión en el escudo magnético terrestre no es un evento fortuito o moderno, sino una estructura recurrente en la historia del planeta.

Magnetismo e impacto en la tecnología

El equipo analizó minuciosamente 41 muestras de materiales arqueológicos compuestos por arcilla en diversos puntos de Sudamérica para determinar la potencia del magnetismo en épocas pasadas. Gracias a estos datos, los investigadores descubrieron que la anomalía actual surgió poco después del año 1.100 de nuestra era, atravesando el continente africano antes de establecerse en su ubicación actual.

Este modelo geofísico también detectó un fenómeno precursor de baja intensidad que realizó una trayectoria migratoria casi idéntica entre los años 1 y 850 d.C. Según los autores, estas evidencias sugieren que la Anomalía del Atlántico Sur responde a dinámicas profundas en el núcleo de la Tierra que se manifiestan de forma persistente a lo largo de los siglos.

Santiago Belda, investigador del grupo de Geodesia Espacial de la Universidad de Alicante, sostiene en el Science Media Center (SMC) que este avance es fundamental para comprender la asimetría entre hemisferios. “El estudio es de muy alta calidad y representa un avance sustancial en el conocimiento del campo magnético terrestre en el hemisferio sur, históricamente escaso en datos robustos”, afirmó el especialista sobre la relevancia científica del trabajo.

La debilidad de este escudo protector en el Atlántico permite que las partículas cósmicas de alta energía penetren hasta los 200 km de altitud, afectando a la Estación Espacial Internacional. “La Anomalía del Atlántico Sur debilita la protección frente a la radiación cósmica, afecta al funcionamiento y la vida útil de satélites e incluso a sistemas tecnológicos“, explica Belda sobre las consecuencias prácticas.

La seguridad espacial, afectada

Desde la Universidad de Burgos, la investigadora Elisa M. Sánchez Moreno recalca que estas condiciones geomagnéticas pueden alterar seriamente la electrónica de navegación. “En el mundo moderno, estas condiciones pueden afectar a la electrónica de los satélites, a las operaciones espaciales y al rendimiento de sistemas de navegación basados en satélites, como el GPS, debido a una mayor exposición a la radiación”, advierte la experta.

 

Por su parte, Josep M. Parés, responsable en el CENIEH, vincula estos resultados con la protección de infraestructuras críticas ante posibles fallos de hardware provocados por la radiación. Los científicos coinciden en que, aunque no se prevé una inversión inminente de los polos, comprender estas fluctuaciones es vital para garantizar la supervivencia de la tecnología en la órbita terrestre baja.

Fuente: https://www.nationalgeographic.com.es